Hispanoamérica: un complejo mosaico dialectal

by on octubre 6, 2019

¿Alguna vez has creído que tú o quienes te rodean de manera más cercana hablan “sin acento”, o con un “acento estándar” y que el resto de las personas sí tienen “acento”?

Pues bien, cuando nos vamos del lugar en el que nacimos o crecimos, cuando ingresamos a una universidad a estudiar una carrera académica por ejemplo, o cuando empezamos a tener procesos de migración internos o externos -con la llegada de otros migrantes a nuestro país y de nosotros hacia otros lugares-, comenzamos a escuchar con mayor agudeza diferentes acentos, diferentes formas de expresar una idea, diferentes patrones gramaticales, diferentes palabras para nombrar una acción o un objeto… En ese momento sentimos que estamos en un espacio en el que convergen muchas maneras de hablar y notamos esas marcas en el habla, que son diferentes a la propia, a la nuestra.

Este contacto cultural nos permite darnos cuenta que a la fruta que en Colombia, Cuba y México le llamamos “fresa”, en Chile y en Argentina la llaman “frutilla”; que en Colombia a la persona que llamamos “gomelo [1]”, “play”, “puppy”, “fifí”, “dediparado”, “farto” –dependiendo de la región en Colombia de la que estemos hablando-, en México le dicen “fresa” o “milloneta”, en Costa Rica “pipis”, en Panamá “ye-yé”, en Venezuela “sifrino”, en Ecuador “pelucón”, en Perú “pituco”, en ”Chile “cuico”,  en Argentina y Uruguay “cheto”, y en España “pijo”[2]. ¡Son muchas palabras las que hacen referencia a una misma cosa! ¿De dónde salen tantas variedades en una misma lengua? ¿No existe entonces un “solo español”? ¿Cuál es la variedad “mejor” y “peor” hablada?

Figura 1. Ejemplo de Atlas Latinoamericano de Palabras: cómo se dicen entre amigos en América Latina. Pictoline (septiembre 7 de 2018)

 

Todos estos patrones lexicales (variación de las palabras), gramaticales (ordenación de las palabras), segmentales (diferentes formas de pronunciar los fonemas) y prosódicos (diferentes “acentos”) son fruto de nuestras interacciones culturales, de nuestras relaciones familiares, con amigos, vecinos y medios de comunicación, como la radio, la televisión o la internet. Los dialectos son precisamente esas variedades que ocurren dentro de una misma lengua, asociadas a una determinada zona geográfica, es decir, dependiendo del lugar geográfico en el que nacimos o hemos vivido más tiempo, adoptaremos las variedades lingüísticas que allí se utilizan. Sin embargo, debemos tener en cuenta que no siempre las fronteras o zonas dialectales tienen correspondencia con las divisiones político-administrativas de los países, departamentos, regiones o municipios.

Los dialectos han sido un tema de gran interés para los lingüistas, por lo que desde principios del siglo XX diferentes teóricos han hecho diversas propuestas de zonas dialectales del español en América, es decir, han intentado establecer cuáles son los rasgos lingüísticos compartidos con los que se podrían formar unidades mayores de las variaciones del español. En el momento, ya está superada la discusión sobre la inexistencia de una homogeneidad en el español de América, es decir, ya está claro que no existe un “único español” en América, y a partir de esta premisa se han hecho las propuestas de zonificación dialectal que, por cierto, ninguna de ellas ha sido concluyente, pues a todas se les han hecho diferentes críticas razonables.

¿Cómo se ha dividido dialectalmente a América?: hagamos un recorrido

 Como afirma Alba (1992:66) “la lengua hablada en América constituye un complejo dialectal, un macrosistema lingüístico que aunque tiene unidad interna, es decir, posee una estructura profunda única, exhibe múltiples diferencias externas, posee estructuras superficiales diferentes”. Como nos introduce Alba, Hispanoamérica es un mosaico dialectal, bastante complejo, que debe ser analizado con cautela para comprender las variaciones lingüísticas que ocurren y a qué variables sociales podrían estar asociadas.

Algunos ejemplos de delimitaciones dialectales que se han hecho de Hispanoamérica son:

  1. Max Leopold Wagner (1920) es pionero en la división dialectal, proponiendo una división entre las tierras altas o interiores, y las tierras bajas o costeras.
  2. El dominicano Pedro Henríquez Ureña propone, a principios del siglo XX, cinco zonas dialectales basadas en lengua de sustrato, es decir, en la influencia de las lenguas originarias de América en el español. Sin embargo, esta propuesta tiene sus críticas por considerar una sola variedad del español peninsular y solo algunas lenguas indígenas, cuando realmente hubo muchas variedades del español peninsular que se encontraron antes de llegar a América y una cifra escurridiza de lenguas prehispánicas.
  3. El mexicano José Pedro Rona (1964) propuso una división dialectal del español en América agrupando los dialectos según dos características. La primera de ellas era según la manera de pronunciar el sonido o fonema /ʝ/, que se corresponde con los grafemas “y” y “ll”. La segunda característica era según las zonas en las que se utiliza o no el voseo, ya sea el voseo pronominal, como por ejemplo en “vos sabés” “¿vos te comiste el pan?”, o el voseo verbal, como en “vení a la casa”, “llamá a tu abuelo” o “¿qué querés?”. Propone así 16 zonas para el español en América, a las que luego le suma otras 7 zonas, que pueden trastocarse con las ya establecidas.
  4. Melvyn Resnick (1975) con base en 16 rasgos lingüísticos, propone una división del español americano que puede llegar al establecimiento de 272 unidades dialectales, lo que es una cantidad bastante numerosa que dificulta la identificación de un dialecto específico.
  5. Philippe Cahuzac (1980) utiliza un nuevo método para proponer la distinción de áreas territoriales en el Español de América, al cual denomina semántica dialectal. Se basa en el reparto geográfico de 600 unidades léxicas, que plantea la división del español de América en 4 zonas, sin embargo es una propuesta poco abarcadora con los niveles lingüísticos, en el sentido en que se pretende hacer una división dialectal únicamente a partir de rasgos léxicos, de palabras.
  6. Zamora y Guitart (1988) proponen una división dialectal de nueve zonas basada en tres rasgos fonéticos. El primero de ellos se refiere a las diferentes formas de pronunciar la letra o grafema “j” en, por ejemplo, la palabra “naranja”, o el grafema “g” en la palabra “gente” (es decir, el fonema /x/). El segundo rasgo fonético considerado basa en las diferentes formas de pronunciar el grafema “s”, ya que como te habrás dado cuenta, depende de la zona geográfica a la que pertenezca el hablante, podrás escuchar eses (“s”, fonema /s/) más intensas, más silbadas, o pueden ser aspiradas, o elidirse por completo y ni pronunciarse. Finalmente, en tercer lugar, los autores retoman el voseo, es decir, estudian en qué zonas se utiliza con más frecuencia o se prefiere una frase del tipo “¿vos querés venir a la fiesta?”, en contraposición con una frase en la que se utilice el tuteo como en: “¿ quieres venir a la fiesta?”, o una en la que se utilice el ustedeo: “¿usted quiere venir a la fiesta?”. Los autores también proponen una caracterización dialectal de dos grupos: dialectos radicales (Antillas, Panamá, costas de Venezuela y Colombia) y dialectos conservadores (sierras del Ecuador, Perú y Bolivia, entre otras) (Quesada-Pachecho, 2000: 176), haciendo referencia a que los primeros son más innovadores y los segundos tienen procesos de cambio más lentos.
  7. José Joaquín Montes (1995) propone dos superdialectos basados en rasgos fonéticos. El Superdialecto A o continental interior comprende las tierras altas de América y se caracteriza por la conservación de /s/ prenuclear como sibilante y el mantenimiento de /r/ y /l/ prenucleares. El Superdialecto B o costero-insular, que incluye las islas del Caribe, las costas y las riberas de ciertos ríos americanos, se caracteriza por la aspiración de /s/ prenuclear, como en necesario [nehesario], y la neutralización de /r/ y /l/ prenucleares (Quesada-Pachecho, 2000: 177).
  8. Francisco Moreno Fernández (2014) propone cinco áreas para dividir el español en América: 1) el español caribeño, 2) el español mexicano y centroamericano, 3) el español andino, 4) el español austral y 5) el español chileno. La división de estas zonas la hace a partir de las coincidencias lingüísticas que describe entre ellas, en los planos fónico, gramatical y lexical.

¿Te atreves a descifrar de donde son estos dialectos latinoamericanos?

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Con este panorama de las propuestas de división dialectal para Hispanoamérica queda claro que hay unas variantes dentro de la lengua, que se pueden percibir en diferentes niveles del habla. A continuación te invito a que escuches algunas variedades del español. Todas las colaboradoras son mujeres, nacieron en el país que están representando en este ejemplo, tienen una edad promedio entre 25 y 35 años, tienen estudios universitarios, son de clase media y no han vivido por más de un año en un país diferente al suyo.

Además, fueron grabadas por la autora y a todas se les propuso la misma tarea de completamiento discursivo (DCT), es decir, debían imaginar que estaban en la siguiente situación y responder espontáneamente, como lo harían en su vida cotidiana: “Se encuentra en una ciudad que no conoce y necesita saber dónde queda el hospital. Pasa un señor por la calle, ¿cómo se lo preguntaría?”.

¿Por qué crees que te doy tantos datos de las colaboradoras? ¿Influirá en la manera en que cada una habla? ¡Efectivamente, así es! La pertenencia o no, a cada una de estas variables o categorías, pueden influir en la manera en que hablamos. A esto es a lo que llamamos variación diatópica –o variedades geográficas-, variación diastrática –o variedades socioculturales o de carácter social-, y variación diafásica –o variedades en el registro, como por ejemplo un registro o forma de hablar más familiar o más formal-. Si tenemos “congeladas” o inmovilizadas la mayoría de estas variables, y cambiamos solo la variación diatópica, tenemos los siguientes resultados:

México

Cuba

Colombia

Venezuela

Chile

Uruguay

Argentina

 

Ahora bien, dependiendo de tu lengua y/o dialecto podrás percibir con más o menos detalle las diferencias entre dialectos. Por ejemplo, una persona del sur de Chile, generalmente logra identificar y diferenciar, por la forma de hablar, quién es de Chile y quién es de Argentina. De la misma manera, un argentino, generalmente, puede reconocer en la forma de hablar quién es de su mismo país y quién es uruguayo, y viceversa, tarea bastante compleja para el resto de los hispanohablantes. Sin embargo, para algunos mexicanos o españoles, que no tienen tanta cercanía con esta zona de Suramérica, se les hace difícil reconocer entre un chileno y un argentino, por ejemplo, y agrupan todas estas maneras de hablar en un “dialecto” más amplio o abarcador. Esta situación nos lleva a pensar que la percepción dialectal es variable, es relativa de acuerdo al lugar en el que nos ubiquemos y, por tanto, la construcción de un concepto de “dialecto” debe aún tomarse con mucha cautela.

¿Cómo percibimos los dialectos? ¿Dónde se habla “mejor”?

Si te preguntara cuántas zonas dialectales logras identificar en México, ¿qué me responderías? ¿1, 2, quizás 3? En este punto es importante hacer alusión a uno de los trabajos que se han realizado sobre dialectología perceptual (Preston 1999), específicamente en México (Serrano, 2002). El autor traza un mapa de los dialectos mexicanos, basado únicamente en las impresiones subjetivas de los informantes, es decir, hace una delimitación de las zonas dialectales de México con los datos de percepción proporcionados por los mismos hablantes del centro del país. Esta propuesta es novedosa porque no hace la clasificación a partir de los resultados de producción del habla, como se ha hecho tradicionalmente, sino que se centra en la percepción de los hablantes, lo que abre una línea de investigación interesante al combinar ambas metodologías.

Los resultados de esta investigación muestran que hubo cuatro variedades más etiquetadas, o bien, más reconocidas por los informantes: la norteña, la costeña, la central y la peninsular, como se observa en la figura 2. ¿Le atinaste al número de zonas dialectales identificadas por los mexicanos? Y si hacemos este ejercicio con otros hablantes de otras lenguas, ¿qué crees qué responderían? ¿Lograrían reconocer diferencias entre un mismo país? Como ves, la percepción de los dialectos depende mucho de nuestra relación, vivencia y conocimiento de los mismos.

Principales zonas dialectales percibidas por los informantes mexicanos (Serrano, 2002)

 

Retomando una de las preguntas iniciales, entonces, ¿cuál es el español “mejor hablado”? ¿Qué es hablar bien? ¿Quién dicta las normas para hablar bien? Al buscar las respuestas a esta serie de interrogantes en las opiniones de las personas, hablantes de la lengua, encontramos opiniones como “hablar bien es hablar de acuerdo a las normas que dicta la Academia”, “con una adecuada pronunciación y entonación”, “con un vocabulario adecuado”, “hacerse entender”, “hablar educadamente”, “hablar sin decir mentiras, o groserías o, incluso con una adecuada gesticulación” (Domínguez y Vento, 2012).

Sin embargo, podemos resaltar en las anteriores opiniones que parten a priori de la idea de un habla “bien” y “mal” hablada, lo que estaría inscrito dentro de la ideología del normativismo, o prescriptivismo, que tienen como objetivo decirle a las personas de nuestra misma lengua cómo deben hablar, cómo deben utilizar el idioma. Esta actitud es, en todo sentido, un despropósito y un esfuerzo de aficionados, que pocas veces se dedican al estudio riguroso del lenguaje, y no dimensionan ni son conscientes de la importante y evidente variedad “natural” de la lengua.

Por tanto, no hay ningún español “mejor” o “peor” hablado, ni uno mejor que otro, todas las variedades son igual de importantes y es inútil que se quiera estandarizar, más allá de la adecuación que guarda estrecha relación con la variedad diafásica, o de registro lingüístico. Así pues, lo que ahora hace la lingüística, más que imponer reglas “del buen hablar” y perpetuar una discriminación lingüística entre los hablantes, es recoger todas las variedades posibles de habla y analizarlas de una manera descriptiva, sin juicios de valor.

Atlas lingüísticos en América

En este sentido, respecto al interés de algunos lingüistas por dejar registro de la variedad del español en América, se han llevado a cabo varios proyectos que han dado como resultado una serie de atlas:

En 1948, Tomás Navarro Tomás publica el primer atlas lingüístico del español de América, titulado El español en Puerto Rico. Contribución a la geografía lingüística hispanoamericana. En 1973 aparece el Atlas lingüístico-etnográfico del sur de Chile (ALESuCh; Araya, Contreras, Wagner y Bernales) y entre 1981 y 1983 el Atlas Lingüístico Etnográfico de Colombia (ALEC; Flórez). En México se ha construido, entre otros, el Atlas lingüístico de México (Lope Blanch 1990-2000) y el Corpus sociolingüístico de la Ciudad de México (CSCM= Martín Butragueño y Lastra 2011, 2012, 2015). En Uruguay se encuentra el Atlas Diatópico y Diastrático del Uruguay (Elizaincín y Thun 2000); en Paraguay el Atlas Lingüístico Guaraní-Románico (Dietrich, Aquino y Thun) y para Centroamérica el Atlas Lingüístico de América Central (Pacheco Quesada), entre otros más (García Mouton, 2006).

Finalmente, en el marco de las investigaciones sobre variedad geoprosódica del español, es decir, sobre las diferentes maneras en las que hablamos según nuestro dialecto, nuestro “acento”, hay diversos mapas elaborados con el objetivo de evidenciar la diversidad de esta lengua, la manera en la que “entonamos”. Así, encontramos dos proyectos internacionales que son el Atlas de la entonación del español (ATLES; Prieto y Roseano 2009-2013) y el Atlas Multimèdia de la Prosòdia de l’Espai Romànic (AMPER; véase Martínez Celdrán y Fernández Planas 2003-2018). Los resultados de ambos pueden consultarse por internet (http://prosodia.upf.edu/atlasentonacion/ y http://stel.ub.edu/labfon/amper/cast/, respectivamente).

Además, hay otros proyectos nacionales que tienen el mismo propósito: establecer las características generales del español hablado en cada uno de los países o regiones. Por ejemplo, el Corpus oral del español de México (COEM= Martín Butragueño, Mendoza y Orozco en preparación), el Mapa prosódico de Chile (Román y Ortiz Lira 2013-2016), el Mapa prosódico de Antioquia-Colombia (Muñoz-Builes, en preparación), entre otros. A continuación podrás acceder a uno de estos mapas prosódicos, el de Chile, para que a modo de ilustración puedas escuchar las diferencias entre la entonación de los entrevistados que pueden ser hombres o mujeres y pertenecientes a la zona rural o urbana. Podrás seleccionar entre dos tareas lingüísticas: una frase leída o un fragmento de conversación espontánea.

Mapa prosódico de Chile

Recapitulando

Los dialectos son variaciones del habla que se asocian, generalmente, a diferencias diatópicas, es decir, geográficas. Estos dialectos se han agrupado según diferentes propuestas de zonificación dialectal para el español de América; se debe considerar que dichas zonas dialectales no coinciden totalmente con las divisiones administrativo-políticas de los países y sus subdivisiones.

Por otra parte, podría decirse que la percepción que tenemos de los dialectos es relativa, ya que está determinada por nuestro propio dialecto y por nuestro conocimiento e interacciones con los demás dialectos. Sin embargo, a pesar de la percepción y creencias que tengamos de nuestro dialecto y de los demás, es importante considerar que todos tienen la misma importancia y construyen la significativa variedad lingüística de una lengua.

Finalmente, debemos recordar que ha habido diversos Atlas del español de América, realizados con el objetivo de registrar las variedades de estas hablas. En los últimos años ha incrementado el interés por complementar estos estudios, incluyendo la variación geoprosódica, es decir, la entonación. Sin embargo, el estudio de la entonación aún es materia de investigación y de trabajo conjunto, al que todas y todos estamos invitados a hacer parte.


Bibliografía

Academia Colombiana de la Lengua. (2012). Breve Diccionario de Colombianismos (4a ed. Revisada). Bogotá, Colombia: Academia Colombiana de la Lengua.

Alba, O. (1992). Zonificación dialectal del español en América. All Faculty Publications.
htt://scholarsarchive.byu.edu/facpub/1181

Domínguez, C., Vento, R. (2012) ¿Qué es hablar bien? Análisis de los resultados de una encuesta. Lengua y Habla, 7, pp. 81-92. Disponible en: <http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/lenguayhabla/article/view/3601>.

García Mouton, P. (2006). Los Atlas lingüísticos y las variedades del español de América. Boletín Hispánico Helvético, 8(otoño), 111–122.

Serrano, J. C. (2002). ¿Cuántos dialectos del español existen en México? Un ensayo de dialectología perceptual. La Lingüística Contemporánea En México, (55), 1–22.

Martín Butragueño, P., Mendoza, É. y Orozco, L. (en preparación). Corpus oral del español de México COEM.

Martínez Celdrán, E. y Fernández Planas, A.M. (coords). 2003-2018. Atlas Multimèdia de la Prosòdia de l’Espai Romànic. http://stel.ub.edu/labfon/amper/cast/index_ampercat.html

Moreno-Fernández, F. (2014). La lengua española en su geografía: manual de dialectología hispánica. Arcos: Madrid.

Muñoz-Builes, D. (en preparación). Mapa prosódico de Antioquia-Colombia.

Pictoline (septiembre 7 de 2018). Atlas Latinoamericano de Palabras: cómo se dicen entre amigos en América Latina. https://scontent.fscl8-1.fna.fbcdn.net/v/t1.0-9/41223423_2239021273023672_2046203547451654144_n.png?_nc_cat=103&oh=0ceaec661a918f55c1c267caa9543d49&oe=5C14CF30

Prieto, P. y Roseano, P.(coords). 2009-2013. Atlas interactivo de la entonación del español. http://prosodia.upf.edu/atlasentonacion/.

Quesada Pacheco, M. Á. (2000). El Español de América. Cartago, Costa Rica: Editorial Tecnológica de Costa Rica.

Román, D. (2013-2016). Mapa prosódico de Chile.

Serrano, J. C. (2002). ¿Cuántos dialectos del español existen en México? Un ensayo de dialectología perceptual. La Lingüística Contemporánea En México, (55), 1–22.


[1] En el Breve Diccionario de Colombianismos (2012) es definido como: “Bog. coloq. Joven de clase media o alta que se viste en forma llamativa y usa un lenguaje peculiar”.

[2] Si quieres conocer más ejemplos para el español, puedes ver este video que es divertido e ilustrativo:  https://youtu.be/eyGFz-zIjHE

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